Hay tanta presión por parte de la sociedad por perder peso que incluso priorizamos el peso a la salud.

Mensajes constantes de que debemos tener un cuerpo delgado, sufriendo discriminación si tenemos un cuerpo grande, nos llevan, como no, a querer reducirlo.

Y empezamos a intentar bajar peso: toda clase de dietas, pastillas, ayunos, detox, ejercicios extenuantes, batidos, fajas reductoras, etc.
La mayoría de estos métodos se basan en restricciones, en negarle al cuerpo el alimento que te pide, pasar hambre y al principio se baja de peso y pensamos que lo hemos conseguido al fin; pero en la mayoría de los casos se recupera el peso perdido, pensamos que es nuestra culpa y vuelta a empezar.

La presión por bajar de peso es tan grande que si adelgazados por una enfermedad nos alegramos y hasta nos lo dice el entorno “míralo por el lado bueno, has adelgazado”.

Como consecuencia:

  • terminamos teniendo una mala relación con la comida: miedo a comer, a ciertos alimentos, contar calorías, etc.
  • mala relación con el cuerpo: medir y pesar constantemente, mirando en busca de “imperfecciones” de manera constante, acabas sin poder mirarte al espejo, cada vez te sientes más incomoda en él.
  • ciclos de pérdida y recuperación de peso que aumentan la probabilidad de sufrir ciertas enfermedades,
  • las dietas, además, en muchos casos desencadenan un TCA (Trastorno de la conducta alimentaria).
  • dañan tus relaciones personales: evitas quedar por no poder controlar la comida y bebida disponible o para que no vean si no has conseguido adelgazar, etc.
  • la comida y como te ves se convierte en el centro de tu vida.

No es culpa tuya, nos meten a fuego el mensaje de que debemos tener un cuerpo delgado y nadie nos dice que las dietas nos funcionan (en un 95% de los casos se recupera el peso a largo plazo y de esos 2/3 aumentan el peso inicial) y nos pasamos la vida buscando ese cuerpo “por salud” y la acabamos perdiendo.

Llegará un momento en el que no puedas más y quieras recuperar tu vida, y de verdad que puedes, no importa cuántos años lleves en ese ciclo, nunca es tarde para sanar tu relación con la comida y tu cuerpo.

Y recuerda que no tienes porque hacerlo sole… pide toda la ayuda que necesites.

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